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farewell, Monterrey



¿Qué dirían las ruinas de esta ciudad si pudieran contar mis historias? ¿Dirían que el tiempo me derrotó, que no supe pertenecer a nadie, que los recuerdos compartidos me abrumaron? ¿Tendrían razón aquellos que me observan desde lejos y se preguntan si simplemente he desistido? No podría expresarlo de otra manera: esta ciudad me ha vencido. Me ha colmado, me ha absorbido, me ha dejado en la acera del olvido, junto con el de ella, el de ellos y el de nadie más que todos.


Porque dondequiera que vaya, está la sombra de aquella noche de lluvia y frío en la que vi morir a mi guía, a mi amigo. Desde ese día, mi corazón ya no ha latido, o en aquel otoño en que te dije que ya no podía estar más contigo. Y los meses, días, horas y años que pasé lamentándome por no haberte seguido. Los ojos increíbles de la mujer que recogió los pedazos restantes de mi alma de las alcantarillas y lo imposible que resultó quedarme con ella. Mis padres y su nostalgia, los viajes de mi infancia, el abuelo y sus rodillas adoloridas, las lágrimas en el techo de mi habitación, el pan duro en la alacena, la cocina de mi abuela...


¿Qué diría esta ciudad si supiera que me ha arrebatado todo lo que he amado?

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